martes, 27 de enero de 2015

DOS POEMAS



Carmen G. de la Cueva me publicó hace unas semanas dos poemas en La Tribu de Frida. Dos poemas escritos después de La Casa Encendida y la noches con los perros románticos por Madrid. Y qué noches. Dos poemas donde Óscar y Vicente son los protagonistas. Espero que a los demás no os gusten demasiado porque no los he escrito para vosotros. Una de esas noches nos pegamos con alguien en la Plaza Vázquez de Mella porque se había reído de David Meza. Óscar perdió su camisa de cuadros pero eso fue otro fin de semana. Nos sacamos dos fotos casi iguales: una en octubre, otra en noviembre. Mi favorita va a ser la tercera porque significa que volveré a verlos a los tres. Escribí un tercer poema sobre aquellos días, pero solo lo va a leer Luna. De momento.


Oscar García Sierra

TÍO EN LOS BAÑOS DE TU BAR HAY MUCHOS PERROS

 Arrastrábamos ya de tantas noches la existencia 
La clínica desviada del obligado a alejarse
Aun siéndolo
Del animal

Hicimos del ser objeto de rechazo todo un arte
Tutoriales en YouTube cursos 
En la universidad

Y hemos llegado hasta aquí sin mancharnos las manos 
Demasiado

Sangre de quién en qué chaqueta?
Ruido de nadie en ningún sitio

La masculinidad el
Quién tiene más grande la
Sensación de vacío 

Alguien me dice en unos baños "me siento solo" 
Soy incapaz de decirle nada que lo reconforte
"Yo también" quiero gritarle pero no digo nada y le doy un abrazo
Si baja alguien más les sacaré una foto para que quieran morirse juntos

Alguien más baja 

Al dueño del bar le digo que tiene un problema 
Tiene los baños llenos de perros tristísimos
No dice nada
Me da un abrazo
Alguien
Nos saca una foto



— ♥ —


Vicente Monroy

 VICENTE MONROY DESCIENDE A LOS INFIERNOS



And I like large parties. They’re so intimate. At small parties there isn’t any privacy.
—F. Scott Fitzgerald, The Great Gatsby

  
Cuidado. Si yo soy un espejo roto y tú
eres también un espejo y decides mirarte en mí
te creerás erróneamente roto.

Así empiezan las tragedias: con noches densas como el mercurio
o el semen. Con un pórtico azul 
electrostático y el zumbido de abejas electrónicas. 
Hombres que cambian ceniza por monedas. Hombres
que cambian hombres por monedas.
Monedas que aplastan hombres e insectos 
limpísimos
sobre los que nos ponemos de rodillas para enjugar con alcohol 
el suelo de nuestra mente. 
Luz estroboscópica 
para leernos el pensamiento. 
El asco la orina las ratas 
—encerrados los cinco en un baño—
para pensar en el norte en las estrellas en el fuego. 

Vicente Monroy baja las escaleras de metacrilato 
de dos en dos
— el aire no sabe vibrar                                        en el Infierno /
por eso la música no suena en el aire                       en el Infierno / 
cada uno escucha una música diferente 
en su cabeza                                                                    en el Infierno —.
Con cada paso la luz cambia de color. “Como en las películas” escuchas
decir a alguien cuando la luz se ha vuelto roja.

Pareces un vampiro. 
O un director de orquesta 
en la orquesta
que es la noche.

Hay grillos y luciérnagas también entre el asfalto. Saltamontes. No les interesan nuestros problemas nuestros sueños nuestros poemas. Solo quieren hacer cri-cri dar luz saltar. “Quiero aspirar a eso” me dices antes de comernos dos gatos azules. Hacer cri-cri dar luz saltar. Me digo que debo recordarlo.

Mueves las manos como si dirigieses una enorme balsa y nos guiases por una laguna Estigia que alguien escondió en una pirámide de cuerpos. Estás escribiendo un poema en el aire para saber volver a casa cuando te canses del Infierno. Has dormido a los perros de tres cabezas de la entrada y has traído a las sirenas para que nos quedásemos contigo.

La laguna está en la superficie del planeta y tiene la estructura de una red social.

Pero seguimos bailando como si nada porque eres Micente von Roy esta noche. Eres Orfeo descendiendo al Infierno. Eres Orfeo despedazado y la cabeza cortada de Orfeo que alguien encuentra flotando en un río y la coge y la besa. Besa tus labios de ciego limón. Eres una cabeza que flota entre la música roja y a la que todos quieren tocar. Tú te ríes de ellos y les escupes en la boca dices "¿quieres explotar conmigo?" (te he robado este verso) pero nadie te responde. Insistes: "Pienso seguir en pie / cuando se acabe el mundo. / Cogeos de mi mano" (estos también son robados). Y es gracioso porque recuerda eres tan solo una cabeza que flota como las cabezas de las santos. Cuando se olviden de ti nosotros recogeremos las partes de tu cuerpo puedes estar tranquilo. "Que somos buenos" (este verso se lo he robado a Unai)

Vamos a drogarnos como los caballos. 
Que sea de día ya cuando nos droguemos como los caballos.
Vamos a ser unos caballos terribles. 
"Que somos buenos"

Vamos a mirar al universo a la cara.
No vamos a tener miedo.
No queremos tener miedo del universo pero estamos aterrados de nuestro propio planeta. 

Vamos a ver fantasmas a plena luz del día. 
Queramos o no
vamos a ver fantasmas a plena
luz del día.

Si en el Infierno no hay tiempo vuelve atrás.
Seguimos en una esquina.
Suena música muy azul. 
Hay luces muy electrónicas. 
Hay hombres muy hombres.
Hay hombres muy insectos.
Hombres muy monedas.
Todos zumban como abejas porque con su espectáculo están libando la miel con la cual creamos nuestros poemas.
Eso es la poesía: mirar al mundo desde las esquinas
no escribir poemas.

Ahora hay alguien que te da agua y te acaricia la cara. Tienes los ojos más abiertos que nunca nadie haya visto. 

Tranquilo
nos has traído contigo a los Infiernos
y vamos a cuidar de ti.





— ♥ —

lunes, 26 de enero de 2015

MURIEL RUKEYSER (introducción)



Hace muchos meses que no publico nada aquí. Ha habido muchos viajes físicos, con sus consiguientes viajes interiores, no siempre simultáneos. En uno de los primeros compré este libro cerca de donde nos quedábamos, cerca de Mulberry Street, en McNally Jackson Books: Elegies, de Muriel Rukeyser. A ella la conocí hace un par de años cuando escuché en Spotify como Francesca Faridany recitaba su poema Myth (la misma grabación la podéis escuchar aquí) . Me quedó grabado su nombre por la fuerza y verdad de sus palabras. Aquí os lo traduzco:




MITO
Mucho después, Edipo, ciego y viejo, recorrió
los caminos. Olió un olor familiar. Era
la Esfinge. Edipo dijo, "Quiero hacerte una pregunta.
¿Por qué no reconocí a mi madre?" “Diste
la respuesta equivocada,” dijo la Esfinge. “Pero eso fue lo que
hizo todo posible,” dijo Edipo. “No,” dijo ella.
“Cuando te pregunté, ¿qué camina a cuatro patas por la mañana,
a dos a mediodía y a tres por la noche, tú respondiste,
el Hombre. No dijiste nada de la mujer.”
“Cuando dices Hombre,” dijo Edipo, “incluyes también
a las mujeres. Todo el mundo sabe eso.” Ella dijo, “Eso es
lo que tú crees.”


MYTH
Long afterward, Oedipus, old and blinded, walked the
roads. He smelled a familiar smell. It was
the Sphinx Oedipus said, 'I want to ask one question.
Why didn’t I recognize my mother?' 'You gave the
wrong answer,' said the Sphinx 'But that was what
made everything possible,' said Oedipus 'No,' she said.
'When I asked, What walks on four legs in the morning,
two at noon, and three in the evening, you answered,
Man You didn’t say anything about woman.'

'When you say Man,' said Oedipus, 'you include women
too. Everyone knows that.' She said, 'That’s what
you think.'



La correspondencia entre el viaje físico y el interior no siempre es simultánea. En Nueva York no había tiempo para leer, no había tiempo para elegías, no había tiempo para tener tiempo más allá del instante. Por eso ahora. 



 [Me dicen por el pinganillo que en griego Edipo sí que dijo "ser humano"... En Diodoro Sículo, Bibliotheca Historica, 64 3-5, utiliza la palabra "ἄνθρωπον", "ser humano". Via Guillermo Morales Sillas]



lunes, 12 de enero de 2015

AUTORRETRATO





"...neither flesh nor fleshless; 

neither from nor towards; at the still point, there the dance is," . 
—T. S. ELIOT



si sé 

que toda forma 
es un vacío

puedo olvidar
la belleza
con un gesto





"Let the soul of man take the whole universe for its body." 
—SIMONE WEIL






(Texto e imagen — Miguel Rual)